Hemos hablado con anterioridad del apasionante y complejo mundo del apego. Y creo que es buen momento para profundizar un poco más, para detenernos en las peculiaridades propias de uno de los subtipos expuestos: el apego ansioso.
¿Qué es el “apego ansioso”?
El apego ansioso, también conocido como “apego ambivalente”, se trata de uno de los tipos de “apego inseguro”.
Hace referencia a un patrón de relación con los demás, con uno mismo y con las experiencias vitales en el que predominan sentimientos de inseguridad y miedo, asociadas a creencias (más o menos conscientes y explícitas) de <<no tener los suficientes recursos y autonomía, validez y suficiencia personal como para moverme con seguridad en el mundo y en las relaciones>>.
De tal forma, es un estilo experiencial que favorece o intensifica la sobre atención emocional y sensacional, tendiendo a opacar aspectos más basados en la razón y la practicidad.
Puede ser desagradable leerlo sin un contexto. Pero vamos a entender qué se esconde tras lo anterior. Y para ello, aclaremos algo:
¿El estilo de apego sólo se hace explícito en las relaciones de pareja?
¡No! Esta es el área en la que, posiblemente, más se haya popularizado, además de ser el contenido al que más acceso tenemos por lo atractivo que supone. Pero lo cierto es que el estilo de apego va con uno mismo y forma parte de un aprendizaje de base relacional, por lo que se proyectará de la mismo forma en las relaciones. Pero el estilo de apego influye (en ningún caso determina) en mi propio autoconcepto, en la conciencia que tengo de mis recursos y fortalezas, y en la confianza en mí como individuo autónomo frente al mundo.

¿Cómo saber si “soy apego ansioso”?
La pregunta en sí misma no está bien formulada, nadie “es” un apego u otro. Si no ha quedado lo suficientemente claro en el anterior blog o no has podido leerlo anteriormente, las personas no somos un estilo de apego. Las personas hemos generado un estilo de apego en nuestra historia de origen, hemos adquirido unos aprendizajes al respecto y nos relacionamos con éste como filtro.
Y, por otro lado, no existe un apego puro ni “universal” en todas mis áreas, depende de otras muchas variables (corre a leer el artículo de ¿Qué es el apego?, te ayudará a seguir aquí ;))
Y dicho esto y hablando con más propiedad y de forma técnicamente correcta, veamos cómo puedes observar si tiendes a relacionarte bajo un estilo de apego ansioso:
– En relación al otro y a las relaciones, tanto románticas y/o sexo afectivas, como en el plano de la amistad y la familia:
- Miedo al abandono, al rechazo y a la soledad
- Malestar ante desacuerdos con otras personas, conflictos o discusiones (saludables y basadas en el respeto, por supuesto). Tendencia a evitarlos
- Necesidad de conocer en todo momento lo que el otro piensa o siente, y de no conseguirlo, inferirlo con una serie de “pruebas sutiles”. Ej.: “Le he mandado varios emoticonos con corazoncitos, y tan sólo me ha puesto el del dedo pulgar…, ¡seguro que le pasa algo!”
- Ser muy cuidador: sobre atender las posibles necesidades del otro y estar, habitualmente, dispuesto a ponerlas por delante
- Esfuerzos por ganar la aceptación y validación explicita de determinados miembros de la familia, amigos, pareja e incluso meros conocidos
- Tendencia a ser aquel que se acomoda a todo, aunque esto en ocasiones vaya en contra de las propias necesidades y acabe percibiéndose como “deuda acumulada” de los demás
- Necesidad de pedir sostén o, en ocasiones, “que decidan por mi” en determinadas decisiones tanto del día a día como más vitales
- Búsqueda de relaciones muy estrechas, pudiendo ser percibidas por otros como “asfixiantes” o “intensas”
– En relación a aspectos del día a día:
- Miedos anticipatorios por encima de la media poblacional en tareas rutinarias: aglomeraciones, coger el transporte público, las enfermedades…
- Tendencia a llegar excesivamente pronto a las citas y/o lugares bajo la premisa “que algo pueda pasar en el camino”
- Incapacidad o dificultades y malestar en hacer cosas en solitario
- Comprobaciones
– En relación al propio autocuidado:
- Abandono de las propias necesidades a favor de las de terceros y/o la necesidad de “quedar bien”
- Incurrir en determinadas conductas de “hambre emocional”
- Tendencia al auto abandono y “bloqueo” en momentos de cierto malestar emocional
En muchas ocasiones hay una serie de patrones tanto cognitivos como conductuales que, llevan tanto tiempo haciéndose, que se han vuelto casi automáticos y la persona ha perdido la capacidad de ver la realidad del por qué y con qué función lo emite.
¿A qué se debe? ¿Cómo se origina un estilo de apego ansioso?
Partamos de que el apego seguro es aquel en el que encontramos disponibilidad continuada en cuanto a la atención de necesidades por parte de las figuras de referencia; es decir, el apego seguro se basa en el sentimiento de seguridad generada y percibida que, a su vez, favorece la exploración.
De esta línea base y moviéndonos hacia uno de sus extremos, lo que vamos encontrando es muestras de afecto, atención y seguridad “a veces sí, a veces no”. Es decir, encontramos ambivalencia.
Ambivalencia en el afecto, en las aprobaciones y las reprimendas, en la disponibilidad, en el discurso. Se establece un contexto donde es innegable la existencia de amor y afecto genuino, así como seguridad y regulación emocional, pero existe mucha incertidumbre a la hora de disponer del mismo.
De alguna forma, mi identidad, mi forma de relacionarme con el mundo y mis conductas no obtienen una congruencia ni una coherencia en cuanto a las consecuencias que de éstas derivan con mis figuras de apego principal.
De esta forma, el niño o la niña que empieza a adquirir un estilo de apego ansioso, tiene “sed” de disponibilidad. Desconfía de que la misma siempre vaya a darse. Comienza a hacerse experto en detectar los estados emocionales del otro para ver si es probable que aparezca o no. Comienza a relacionarse con figuras adultas desde el cuidado, “si no puedo probabilizar tu unión siendo cuidado, lo haré siendo el cuidador”.
¿Puedo cambiar de estilo de apego?
Sí, aunque lo cierto es que esta formulación no acaba de convencerme ni me hace sentir cómoda. Prefiero que nos refiramos a lo mismo como la capacidad que todo ser humano tiene para sanar aquellos aspectos que favorecieron la generación de un estilo de apego más preocupado, y aprender nuevas formas de relación con el otro, uno mismo y el mundo, basadas en la seguridad tanto física como emocional.
¿Cómo se trabaja?
Todos podemos trabajar por acercarnos a un estilo de vida cada vez más filtrado por un estilo de apego seguro.
Para ello, será fundamental hacernos expertos en entender de dónde venimos, de qué patrones relacionales y emocionales, cuál es el contexto que nos vio salir adelante y el estilo de apego de nuestras figuras de referencia principal.
Extraer de lo anterior qué estrategias desarrollamos para “sobrevivir” y encajar en tal entorno, entender la funcionalidad y utilidad de éstas, y discriminar en el automatismo en el que en el ahora se encuentran.
Trabajar dicho pasado con otras técnicas o recursos como el EMDR, para desbloquear determinadas vivencias y elaborarlas en el presente de una forma más saludable.
En paralelo, se trataría de entrenarse en adquirir nuevas habilidades de exploración y autonomía, así como “subir el volumen” a los recursos y capacidades existentes, de nuevo, con autonomía. Exponiendo a la persona a relacionarse con sus éxitos y fracasos desde la valía incondicional de su identidad, sin que estos le definan.
A su vez, bajar el volumen a las emociones que, en muchas ocasiones funcionan más como “parapetos” de un estilo de vida valioso para la persona, que como un mero indicador de la vivencia en cuestión. Un indicador que observar y tener en cuenta, pero un indicador no peligroso, con el que se puede convivir. Es decir: aprender a convivir con el malestar y las emociones desagradables. Igual de útiles y necesarias que las agradables para tener una vida con sentido.
Problemáticas asociadas al apego ansioso
Existen diferentes cuadros sintomatológicos que están estrechamente ligados a este estilo de apego:
- Fobias
- Hipocondría
- Ataques de pánico
- Agorafobia con o sin ataques de pánico
- Trastorno obsesivo de la personalidad
- Dependencias emocionales
- Trastorno histriónico de la personalidad
- Depresión








