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¿Cómo criar a un niño emocionalmente sano?

criar niño emocionalmente sano

Sin duda, este es uno de los temas que más tacto y respeto requiere en su trato. Comienzo a escribir este artículo desde una sensación de acompañamiento o “ayuda” necesaria, a la par que desde una sensación de inevitable intromisión. ¿Quién es nadie, un profesional u otro padre o madre para decir cómo ha de criarse un niño, cómo has de criar a tu niño?

Partamos de la base de que la crianza de un niño es la asignatura más compleja a la que toda persona que tome tal decisión se enfrentará o se ha enfrentado en su vida. Partamos también de que no hay una forma de crianza correcta o una incorrecta (doy por hecho que nos movemos en unos límites concretos). Partamos además de que las personas somos únicas, con una personalidad y valores vitales completamente diferentes a la hora de querer vivir (y favorecer en el otro) una vida plena. Y partamos por último de que toda persona trae su propia historia de aprendizaje, su propia mochila que le invitará con fuerza a ir por un camino (más o menos deseado) y a evitar otros (de forma más o menos útil).

Y a pesar de todo lo anterior, la importante y creciente demanda por parte de papás y mamás al respecto, como habitúo a comentar, tanto en la práctica profesional como en mi vida personal, me lleva a darle salida.

Revisando términos

Comencemos por revisar términos y utilizar los que más cómodos nos hagan sentir. Repasando bibliografía y divulgación existente, nos encontramos con titulares de todos los colores. Personalmente, tanto “criar a un niño emocionalmente sano” como “favorecer una saludable gestión emocional” o “criar niños bajo el bienestar psicológico me ayudan a encarar el tema. Sin embargo, otros como “criar niños fuertes”, “¿cómo educar bien a mi hijo?” e incluso “cómo ser un buen padre o madre me horrorizan.

En los primeros se da cabida a un acompañamiento bajo conocimientos profesionales ajenos, adaptables al propio estilo y vida parental. Mientras que los últimos encasillan en criterios como “buenos o malos”, limitan la crianza a un estilo personal (a pesar de la profesionalidad que lo acompañe) y penaliza otras formas de criar, sentir y vivir. Y por supuesto, penaliza estilos parentales y personas.

¿Qué es criar un niño emocionalmente sano?

¿Cuando hablamos de salud emocional hablamos de niños, adolescentes y adultos felices y fuertes? Sí. Pero hablamos con el mismo rigor de niños que tienen momentos de tristeza, de vergüenza, de nervios. Niños con rabietas y actitudes desafiantes. Niños que logran parar un ratito y jugar “más tranquilos” y niños que “tienen muelles en los pies”. Niños introvertidos y niños extrovertidos.

Ojo con catalogar como saludable o patológico criterios más o menos deseables y atractivos como adultos, tanto acuñándolos en primera persona como para vivirlos desde el rol de cuidador principal.

No existen personas que no sientan emociones desagradables ni personas que no sufran. Existen personas incapaces de reconocer emociones, etiquetarlas, gestionarlas, aceptarlas y/o comunicarlas y eso, ¡no es salud emocional!

¿Qué puedes hacer como madre, padre o cuidador principal?

A nivel general y a pesar de existir momentos y situaciones dispares, lo primero que debemos tomar en cuenta para estar cómodos y seguros a la hora de criar a un niño es una adecuada y completa comunicación. De la mano a lo mencionado arriba: integrando de aspectos y vivencias desagradables como estilo de vida saludable.

Se puede encuadrar “el camino” a seguir en dos fases:

  1. Conexión emocional
  2. Guía racional

Hablo de conexión emocional a la capacidad del adulto para “sintonizar” con las necesidades y vivencias emocionales de los niños. Sintonizar implica dar cabida y validez a aquello que está sintiendo, mostrando empatía y otorgándole un espacio para que dichas vivencias internas tengan lugar y sean contenidas por alguien con recursos más desarrollados.

La sintonía emocional con el otro, en este caso con un niño o niña, hace sentir seguridad en la comunicación y vínculo, así como elimina la aparición de frustración y crecimiento de la emoción desagradable o surgimiento de otras secundarias. La sintonía emocional previene el tan frecuente (y obstaculizante) miedo a sentir de los adultos.

En cuanto a guía racional me refiero al momento en el que, habiendo funcionado ya como “contenedor seguro de sus emociones”, se da paso a la instrucción, límite o norma: al aprendizaje en cuanto a la gestión. Es aquí donde se le explica qué hacer en otras ocasiones si algo así vuelve a ocurrir, qué no debe ocurrir e incluso qué ha hecho mal de ser ese el caso, se ponen límites y/o se le explica cómo “reparar” o enmendar la situación.

Una adecuada “gestión vital” se apoya en la propia fisiología del cerebro. Los hemisferios cerebrales son independientes pero están interconectados. Al igual que con nuestras manos y pies funcionamos mejor cuando el miembro del lado contrario no está lesionado, el hemisferio izquierdo aprenderá mejor cuanto más conectado esté con el derecho, y cuanto más “regulado” se encuentre éste, regulación que a su vez se verá favorecida por la conexión con otro “hemisferio derecho” regulado (en este caso el del adulto).

¿Qué más puedo hacer?

criar niño de forma sana

  • Disponer, como adulto, de recursos propios con los que relacionarnos con lo que sentimos y lo que vivimos
  • Ser un modelo de aquello que queremos que adquiera: si queremos que sea sociable, debemos socializar; si queremos que pida perdón, debemos pedir perdón
  • Tratar de ser consecuentes y coherentes a las reglas o patrones ya trabajados: si ayer te indiqué que debías pedir perdón a tu hermano por haberle cogido el juguete sin su permiso; hoy, a pesar de estar más cansado como adulto y con pocas y entendibles ganas de lidiar con este momento, te indicaré y acompañaré en la misma dirección
  • Ojo con las críticas por muy “decoradas” que las emitamos. Los niños son verdaderas esponjas, con lo que si tienes que cuestionar una conducta, formula muy bien la frase de forma que lo criticado sea la conducta que ha emitido en un momento concreto, y no todo él por haberla emitido. Un niño o una niña no son mentirosos, un niño o una niña ha hecho mal ayer por la tarde al mentir para no hacer los deberes. Su autoestima presente y futura dependerá de cuestiones de este tipo
  • Por expresivos, comunicativos o receptivos que sean los niños, en ningún caso deben ser los receptores activos ni pasivos de problemáticas adultas.
  • Dales espacio para valorar qué quieren hacer y tomar sus propias decisiones. Lo importante no es librarle de todos los posibles errores que puedan cometer mientras puedas, si no que, a pesar de anticipar que así será, estar una vez lo cometan para mostrarle que hay salida, que es capaz y que tú siempre vas a estar para acompañarle en su propio camino
  • Su opinión, como la de cualquier otra persona, es valiosa y digna de ser escuchada y respetada. Por supuesto, existe una jerarquía y su opinión no determinará el transcurso de los hechos. No obstante, la jerarquía no es criterio único de toma de decisiones, si no ésta sumada a una coherencia a las necesidades y formas correctas
  • Invierte momentos del tan conocido tiempo de calidad y, en la medida de lo posible, que también haya cantidad. Sobre todo en los primeros años de vida, su comunicación e interacción principal con el mundo es mediante el juego. Trata de ser el mejor compañero de juego y vida que pueda tener
  • Un ambiente seguro tanto emocional como físico. Si los contextos hostiles son desreguladores para cualquier persona, un contexto con mucha tensión, discusiones o inestabilidad es tremendamente perturbador para un niño. A pesar de lo duro que nos pueda sonar: en un niño es determinante que sus dos figuras de referencia estén y se relacionen bien; que lo hagan estando juntos o no puede ser preferible, en ningún caso necesario
  • Ser cariñosos de forma explícita, por supuesto, cada uno a su manera, pero que se haga explícito para el menor. Los seres humanos somos sociales y, por ende, dependientes física y emocionalmente. De tal forma nacemos con la necesidad de recibir y dar amor, ser más distante o frío en el afecto “se hace, no se nace”

¿Hay algo más que puedas hacer?

Lo hay, pero tenemos que girar el foco.

En este caso se trata de enfocarte en ti como adulto de referencia, como madre o padre. Todo lo anterior son indicaciones útiles para una saludable crianza emocional, pero flexibilicemos en su seguimiento o aplicación porque es imposible que todo esto salga, y bien, constantemente.

De la misma forma que la educación emocional forma cada vez más y temprana parte en nuestras vidas de la mano de los niños y la vida que deseamos puedan llevar como futuros adultos, trátate con el tacto, respeto y mimo que tienes claro para ellos. Trátate con la empatía y aceptación incondicional de la “no perfección” con la que les tratas a ellos.

El cambio generacional es una verdad innegable y los patrones que como adulto pudiste aprender en tu infancia y adolescencia, es posible que no vinieran de la mano de tanta divulgación y conocimiento infanto juvenil de la actualidad. ¡Y no pasa nada!. De hecho, debemos tener cuidado con la sobre información de la que disponemos por todos lados. Es maravilloso todo este contenido, pero tratar de llegar a todo lo que indicamos los profesionales sumado a sacar adelante el resto de áreas de tu vida es frustrante e imposible.

Lo importante no es que seas perfecto en la educación y acompañamiento a tus hijos, si no el reconocimiento de aquellas veces en las que no lo has podido llevar a cabo, la aceptación exenta de juicio y la reparación del mismo, en su caso, incluyendo la verbalización de una disculpa (“Cariño, antes estaba muy cansado y al pedirte que dejaras de tirar el agua te grité y hablé muy mal. Siento haberlo hecho así. Yo también tendré más cuidado las próximas veces”).

Lo cierto es que siguiendo un patrón de todo lo que ya sabes y lo expuesto anteriormente en el 80% de las ocasiones, y la integración de la reparación en aquellos casos en los que nos demos cuenta de una gestión inadecuada de los hechos: ya conlleva niños y niñas emocionalmente sanos y felices.

Estás a tiempo de incorporar en ti un autodiálogo respetuoso, emocional y afectivo. De acompañarte en tus logros y en tus errores. De movilizarte con ganas de aprender y mejorar, y sabiendo poner el límite sin exigirte perfección.

Recuerda que eres el espejo en el que se verán tus hijos, aquello que reflejes en el trato contigo mismo y tus eventos privados (aunque no seas consciente de ello), será aquello que ellos darán por válido. Eres lo más valioso y confiable que tienen, todo lo que hagas externa e internamente será modelo y fuente de aprendizaje para ellos.

Para poder criar niños emocionalmente sanos, debemos acercarnos lo máximo posible a ser adultos emocionalmente sanos.

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